viernes, 12 de mayo de 2017

Todos juntos somos futuro con alegría



Todos juntos somos futuro con alegría


(Charla en la Inauguración Biblioteca Popular “Las Orillas” Colastiné Sur - 6 de mayo 2017)

El otro día mirando si tenía mensajes en whatsap me encuentro con casi 20 mensajes en un grupo conocido por nosotros aquí en Colastiné Sur, el grupo de la gallega y al que muchos de nosotros pertenecemos.

Me llamó la atención de ver tantos mensajes, los abro, y leo que un vecino envió una opinión sobre la situación política por la que estamos pasando los argentinos, esto causó otros comentarios, también discusiones y  enojos y otros decidieron que lo mejor era borrarse del grupo  andá a saber porque lo hicieron, pero lo que me interesó fue ese debate de opiniones.

Esa polémica que se armó a través del  grupo y que por momentos fue enérgica, me dio ideas sobre lo que iba a decir hoy aquí en la inauguración de la Biblioteca.

Ahora inauguramos la Biblioteca Popular de Colastiné Sur y en la sede de la Vecinal de Colastiné Sur.

Bibliotecas hay muchas y de variadas características, por ejemplo yo tengo una biblioteca en mi casa que algunos de ustedes la conocen, es una biblioteca pero privada. Entonces, por qué esta biblioteca que hoy inauguramos es popular, por qué la llamamos Biblioteca Popular y no de otra manera.

Porque está pensada para un pueblo, para que el pueblo de Colastiné Sur haga uso de ella. Es un espacio colectivo donde uno piensa junto al otro y muchos nos encontramos en este espacio que llamamos Biblioteca Popular.

No es lo mismo que otras bibliotecas, si vos querés un libro de mi biblioteca, tenés que pedírmelo y yo tengo la potestad individual de prestártelo o no. Yo decido individualmente  sobre vos.

En cambio la biblioteca popular es un espacio colectivo donde entre todos decidimos el qué hacer, todos somos responsables, alentadores, ejecutores, decisores de las acciones de la biblioteca.

Es un espacio colectivo donde el otro me interesa, no me es indiferente. Dónde yo no hago por el otro sino que hago con el otro.

También inauguramos una biblioteca en el local de la Vecinal de Colastiné Sur, es decir que lo hacemos en un espacio también colectivo donde se debate y se realizan actividades para que los habitantes de Colastiné Sur puedan decidir sobre su destino mutuo, sobre su concepción del bienestar y sobre su futuro como pueblo, como sociedad.

Y esto lo digo porque, el debate que se produjo en el wathsap es legítimo y es saludable y debemos animarnos a hacerlo también cara a cara, no debemos autocensurarnos y decirle al otro lo que pensamos.

A veces nos hace sentir molestos tener que contraponer nuestras ideas ante el otro o nos parece inútil o que no vale la pena. Saben por qué, porque nos acostumbraron a que el debatir, el exponer ideas, el contradecir otras ideas, es pecaminoso o que no vale la pena perder tiempo. Eso es lo que históricamente nos metieron en la cabeza y hasta nos parece que es una verdad. Y no es así, es una de las pocas actividades que nos diferencian del resto de los animales y es una de las actividades que nos permite establecer una relación con el otro y conocerlo.

Les hago una pregunta a las mujeres, les gusta que alguien las seduzca, les digan halagos, las inviten o a los hombres no nos sentimos importantes cuando una mujer nos muestra su interés o volamos cuando recibimos una sonrisa y ni siquiera sabemos dónde estamos cuando nos dicen un sí.

Bueno, eso es la comunicación de la seducción, del amor, que no es tan diferente a la comunicación de las ideas, de los deseos, de las aspiraciones, de los sueños. Creo que debemos animarnos a  comunicar nuestros proyectos y cómo pensamos concretarlos, debemos animarnos a escuchar al otro, debatir y experimentar como aprendemos juntos y enseñamos juntos.

El poder decirle al otro lo que pensamos, es un acto de sinceridad aunque a veces sea doloroso. Al principio también nos va a parecer extraño que el vecino nos diga lo que piensa, pero de a poco tenemos que verlo con naturalidad.

Debemos aprender a resolver situaciones colectivas en forma colectiva, quizás lo vemos como algo delirante pero no es así, la resolución de situaciones colectivas es la que construye pueblo, ciudadanía, solidaridad.

Lo que es difícil en todo caso es despojarnos del bombardeo permanente que nos hacen para convencernos que nuestro bienestar depende única y aisladamente de cada uno de nosotros.

Esa cultura que dice por ejemplo que si yo  no trabajo, a mí nadie me da nada, ese discurso que nos imponen, tiene un doble filo, uno es cuando decimos si yo no trabajo, en un momento tremendo como el actual, donde hay miles de desocupados, fábricas que cierran todos los días, si esos miles adoptan ese discurso, se están diciendo a ellos mismo que no son nadie, que no son seres humanos merecedores de una vida digna, se están creyendo la mentira de que como el sistema los desocupó, no producen ganancias y por lo tanto son desechables.

Y la otra parte del discurso,  cuando se dice que a mí nadie me da nada, primero impone la idea de que si alguien me tiene que dar algo es porque yo no puedo obtenerlo y entonces con ese discurso, intentan discapacitarme  y más aún me están convenciendo de que el otro es el que tiene que darme sin que yo participe,  sin involucrarme.

Es un discurso histórico que viene de siglos, de la época de la esclavitud, donde para someter, el sometido tenía que estar agradecido al patrón por darle sólo techo y comida. 

En definitiva es el discurso del  individualismo y que nos pone a cada uno de nosotros como entes aislados, incomunicados, donde nos hacen creer, por un lado que toda la responsabilidad de lo que a mí me pasa, es exclusivamente mía y por el otro que toda la culpa también es mía.

Y eso no me deja pensar acerca de la verdadera causa de muchos de nuestros problemas, que es la de un sistema social que no nos tiene en cuenta como sujetos, como protagonistas de una construcción histórica, sólo somos objetos de producción de riquezas para que se la apropien unos pocos y luego nos desechan.

Es más, me atrevería a asegurarles que con el desarrollo actual de la tecnología, el trabajo humano cada vez es más prescindible porque las máquinas les producen ganancias a los capitales financieros y no piden salarios, no comen, no se enferman.

Tenemos que pensar entonces cual va a ser nuestro destino, el  de los seres humanos que estarán cada vez mas desocupados. Es un desafío que nos está tocando pensar para nuestros hijos y para nuestros nietos.

Me pregunto esto, entonces si los humanos cada vez participaremos menos de la producción, del trabajo, ¿dejaremos de tener derechos?, ¿tendremos que ir a parar al basurero de los desechos humanos?

Un ejercicio que me gusta hacer es el de preguntarme ¿qué mundo quiero vivir y qué mundo me gustaría dejar como herencia?

En un ejercicio colectivo las preguntas deberían ser ¿Qué mundo queremos vivir y que herencia queremos dejar a nuestras generaciones futuras?

Observemos

Vivimos a orillas de nuestro río, él nos marca muchos de los ritmos, él nos dice que su libertad es la de vivir pasando, la de no detenerse, porque en ese andar dentro de él hay vida y fuera de él también la hay, eso es el murmullo del río, sólo hay que escucharlo.

Y quizás sea romanticismo esto que estoy diciendo. Ojalá. Porque prefiero caminar por esta vereda en la que el romance con el río me dice que nunca camine solo, que siempre lo haga junto al otro. Porque el caminar juntos nos da esa síntesis imperfecta que es la memoria y la acción colectiva.

No creo en aquellos que actúan sólo por intereses individuales aunque los disfracen de bienestar, no creo en las persona buenas  ni malas sólo creo en lo que cada uno puede hacer para una  construcción común.

Observen que el río no es bueno ni malo, el río sólo es. Él nos da el agua que bebemos y también nos da el agua que nos inunda. Eso el río y nosotros lo aceptamos porque es parte de nuestra identidad.

Por eso es  bueno que aprendamos a decirnos las cosas que pensamos y las que deseamos para nuestro lugar en el mundo. Eso nos ayudaría a sentir y pertenecer a este colectivo social.

Así seguramente podríamos sentirnos rodeados, acompañados, cuidados cuando caemos en desgracia, porque existe una sociedad que nos está cuidando y también nos da la certeza, la confianza  de que nosotros podemos cuidar al conjunto de nuestra sociedad.

Traigo a nuestra memoria algo que pasó hace poco tiempo. Recordemos cuando tuvimos que participar de esa lucha electoral en la Vecinal. Fue una disputa entre  dos concepciones diferentes sobre  qué rol debe que jugar la Vecinal aquí,  en nuestro lugar, ésa fue una lucha muy fuerte y sin embargo la ganamos y hoy la vecinal está construyéndose para todos los habitantes y una muestra  es ésta biblioteca.

Y también quiero decir esto

Ésa lucha que dimos, fue una lucha política, ahí tuvimos que expresarle a todo el pueblo de Colastiné Sur nuestra ideas políticas sobre el por qué queríamos dirigir la vecinal y, los vecinos tuvieron que decidir por cual propuesta debían optar. Esto es política, no es otra cosa, es política.

El decidir hacer una biblioteca popular es una decisión política, porque se podría haber aceptado, por ejemplo, la propuesta del Intendente de desalojar Colastiné Sur y mudarlo  a un barrio del Norte o del Sur de la ciudad Santa Fe, eso es otra decisión y es también política.

Hacemos política cada minuto de nuestras vidas, cada decisión que tomamos con nuestros hijos, sobre nuestras familias, sobre el que hacer en nuestros trabajos, vivimos decidiendo.  Entonces saquémonos de encima ese mote de que hacer política es ser mala persona, ese es otro calificativo que nos imponen y para desesperanzarnos.

Miren, además del romance que me vincula a Colastiné Sur, que es ese poema maravilloso que tengo con cada uno de ustedes, con el paisaje, con el murmullo permanente e indefectible de nuestro río, con las calles imprecisas y románticas, más allá de ese cariño, Colastiné Sur me enamora también por su historia de lucha y resistencia.

Desde la época del virreinato tiene una historia de construcción social, a veces decimos que es el barrio más antiguo de Santa Fe, yo diría que es el lugar que más identidad le proporcionó a la ciudad de Santa Fe. La identidad del puerto, la  de los pueblos originarios, la de la resistencia a la colonia, la de poner el pecho a los embates del puerto de Buenos Aires, en definitiva, la identidad del costero es la lucha. Y hoy la expresamos con la resistencia a los ataques de los intereses inmobiliarios que no vacilan en destruir pueblos en función de saciar su sed de acumulación de  riquezas.

Eso es Colastiné Sur, eso somos en la costa santafesina.