Todos juntos somos futuro con alegría
(Charla en la Inauguración Biblioteca Popular “Las
Orillas” Colastiné Sur - 6 de mayo 2017)
El otro día mirando si tenía mensajes en
whatsap me encuentro con casi 20 mensajes en un grupo conocido por nosotros
aquí en Colastiné Sur, el grupo de la gallega y al que muchos de nosotros
pertenecemos.
Me llamó la atención de ver tantos mensajes,
los abro, y leo que un vecino envió una opinión sobre la situación política por
la que estamos pasando los argentinos, esto causó otros comentarios, también
discusiones y enojos y otros decidieron
que lo mejor era borrarse del grupo andá
a saber porque lo hicieron, pero lo que me interesó fue ese debate de
opiniones.
Esa polémica que se armó a través del grupo y que por momentos fue enérgica, me dio
ideas sobre lo que iba a decir hoy aquí en la inauguración de la Biblioteca.
Ahora inauguramos la Biblioteca Popular de
Colastiné Sur y en la sede de la Vecinal de Colastiné Sur.
Bibliotecas hay muchas y de variadas
características, por ejemplo yo tengo una biblioteca en mi casa que algunos de
ustedes la conocen, es una biblioteca pero privada. Entonces, por qué esta
biblioteca que hoy inauguramos es popular, por qué la llamamos Biblioteca
Popular y no de otra manera.
Porque está pensada para un pueblo, para que
el pueblo de Colastiné Sur haga uso de ella. Es un espacio colectivo donde uno
piensa junto al otro y muchos nos encontramos en este espacio que llamamos
Biblioteca Popular.
No es lo mismo que otras bibliotecas, si vos
querés un libro de mi biblioteca, tenés que pedírmelo y yo tengo la potestad
individual de prestártelo o no. Yo decido individualmente sobre vos.
En cambio la biblioteca popular es un
espacio colectivo donde entre todos decidimos el qué hacer, todos somos
responsables, alentadores, ejecutores, decisores de las acciones de la
biblioteca.
Es un espacio colectivo donde el otro me
interesa, no me es indiferente. Dónde yo no hago por el otro sino que hago con
el otro.
También inauguramos una biblioteca en el
local de la Vecinal de Colastiné Sur, es decir que lo hacemos en un espacio
también colectivo donde se debate y se realizan actividades para que los
habitantes de Colastiné Sur puedan decidir sobre su destino mutuo, sobre su
concepción del bienestar y sobre su futuro como pueblo, como sociedad.
Y esto lo digo porque, el debate que se
produjo en el wathsap es legítimo y es saludable y debemos animarnos a hacerlo
también cara a cara, no debemos autocensurarnos y decirle al otro lo que
pensamos.
A veces nos hace sentir molestos tener que
contraponer nuestras ideas ante el otro o nos parece inútil o que no vale la
pena. Saben por qué, porque nos acostumbraron a que el debatir, el exponer
ideas, el contradecir otras ideas, es pecaminoso o que no vale la pena perder
tiempo. Eso es lo que históricamente nos metieron en la cabeza y hasta nos
parece que es una verdad. Y no es así, es una de las pocas actividades que nos
diferencian del resto de los animales y es una de las actividades que nos
permite establecer una relación con el otro y conocerlo.
Les hago una pregunta a las mujeres, les
gusta que alguien las seduzca, les digan halagos, las inviten o a los hombres
no nos sentimos importantes cuando una mujer nos muestra su interés o volamos
cuando recibimos una sonrisa y ni siquiera sabemos dónde estamos cuando nos
dicen un sí.
Bueno, eso es la comunicación de la
seducción, del amor, que no es tan diferente a la comunicación de las ideas, de
los deseos, de las aspiraciones, de los sueños. Creo que debemos animarnos
a comunicar nuestros proyectos y cómo
pensamos concretarlos, debemos animarnos a escuchar al otro, debatir y
experimentar como aprendemos juntos y enseñamos juntos.
El poder decirle al otro lo que pensamos, es
un acto de sinceridad aunque a veces sea doloroso. Al principio también nos va
a parecer extraño que el vecino nos diga lo que piensa, pero de a poco tenemos
que verlo con naturalidad.
Debemos aprender a resolver situaciones
colectivas en forma colectiva, quizás lo vemos como algo delirante pero no es
así, la resolución de situaciones colectivas es la que construye pueblo,
ciudadanía, solidaridad.
Lo que es difícil en todo caso es
despojarnos del bombardeo permanente que nos hacen para convencernos que
nuestro bienestar depende única y aisladamente de cada uno de nosotros.
Esa cultura que dice por ejemplo que si
yo no trabajo, a mí nadie me da nada,
ese discurso que nos imponen, tiene un doble filo, uno es cuando decimos si yo
no trabajo, en un momento tremendo como el actual, donde hay miles de
desocupados, fábricas que cierran todos los días, si esos miles adoptan ese
discurso, se están diciendo a ellos mismo que no son nadie, que no son seres
humanos merecedores de una vida digna, se están creyendo la mentira de que como
el sistema los desocupó, no producen ganancias y por lo tanto son desechables.
Y la otra parte del discurso, cuando se dice que a mí nadie me da nada,
primero impone la idea de que si alguien me tiene que dar algo es porque yo no
puedo obtenerlo y entonces con ese discurso, intentan discapacitarme y más aún me están convenciendo de que el
otro es el que tiene que darme sin que yo participe, sin involucrarme.
Es un discurso histórico que viene de
siglos, de la época de la esclavitud, donde para someter, el sometido tenía que
estar agradecido al patrón por darle sólo techo y comida.
En definitiva es el discurso del individualismo y que nos pone a cada uno de
nosotros como entes aislados, incomunicados, donde nos hacen creer, por un lado
que toda la responsabilidad de lo que a mí me pasa, es exclusivamente mía y por
el otro que toda la culpa también es mía.
Y eso no me deja pensar acerca de la
verdadera causa de muchos de nuestros problemas, que es la de un sistema social
que no nos tiene en cuenta como sujetos, como protagonistas de una construcción
histórica, sólo somos objetos de producción de riquezas para que se la apropien
unos pocos y luego nos desechan.
Es más, me atrevería a asegurarles que con el
desarrollo actual de la tecnología, el trabajo humano cada vez es más
prescindible porque las máquinas les producen ganancias a los capitales
financieros y no piden salarios, no comen, no se enferman.
Tenemos que pensar entonces cual va a ser
nuestro destino, el de los seres humanos
que estarán cada vez mas desocupados. Es un desafío que nos está tocando pensar
para nuestros hijos y para nuestros nietos.
Me pregunto esto, entonces si los humanos
cada vez participaremos menos de la producción, del trabajo, ¿dejaremos de
tener derechos?, ¿tendremos que ir a parar al basurero de los desechos humanos?
Un ejercicio que me gusta hacer es el de
preguntarme ¿qué mundo quiero vivir y qué mundo me gustaría dejar como
herencia?
En un ejercicio colectivo las preguntas
deberían ser ¿Qué mundo queremos vivir y que herencia queremos dejar a nuestras
generaciones futuras?
Observemos
Vivimos a orillas de nuestro río, él nos
marca muchos de los ritmos, él nos dice que su libertad es la de vivir pasando,
la de no detenerse, porque en ese andar dentro de él hay vida y fuera de él
también la hay, eso es el murmullo del río, sólo hay que escucharlo.
Y quizás sea romanticismo esto que estoy
diciendo. Ojalá. Porque prefiero caminar por esta vereda en la que el romance
con el río me dice que nunca camine solo, que siempre lo haga junto al otro.
Porque el caminar juntos nos da esa síntesis imperfecta que es la memoria y la
acción colectiva.
No creo en aquellos que actúan sólo por
intereses individuales aunque los disfracen de bienestar, no creo en las
persona buenas ni malas sólo creo en lo
que cada uno puede hacer para una construcción
común.
Observen que el río no es bueno ni malo, el
río sólo es. Él nos da el agua que bebemos y también nos da el agua que nos
inunda. Eso el río y nosotros lo aceptamos porque es parte de nuestra
identidad.
Por eso es
bueno que aprendamos a decirnos las cosas que pensamos y las que
deseamos para nuestro lugar en el mundo. Eso nos ayudaría a sentir y pertenecer
a este colectivo social.
Así seguramente podríamos sentirnos
rodeados, acompañados, cuidados cuando caemos en desgracia, porque existe una
sociedad que nos está cuidando y también nos da la certeza, la confianza de que nosotros podemos cuidar al conjunto de
nuestra sociedad.
Traigo a nuestra memoria algo que pasó hace
poco tiempo. Recordemos cuando tuvimos que participar de esa lucha electoral en
la Vecinal. Fue una disputa entre dos
concepciones diferentes sobre qué rol
debe que jugar la Vecinal aquí, en
nuestro lugar, ésa fue una lucha muy fuerte y sin embargo la ganamos y hoy la
vecinal está construyéndose para todos los habitantes y una muestra es ésta biblioteca.
Y también quiero decir esto
Ésa lucha que dimos, fue una lucha política,
ahí tuvimos que expresarle a todo el pueblo de Colastiné Sur nuestra ideas
políticas sobre el por qué queríamos dirigir la vecinal y, los vecinos tuvieron
que decidir por cual propuesta debían optar. Esto es política, no es otra cosa,
es política.
El decidir hacer una biblioteca popular es
una decisión política, porque se podría haber aceptado, por ejemplo, la
propuesta del Intendente de desalojar Colastiné Sur y mudarlo a un barrio del Norte o del Sur de la ciudad
Santa Fe, eso es otra decisión y es también política.
Hacemos política cada minuto de nuestras
vidas, cada decisión que tomamos con nuestros hijos, sobre nuestras familias,
sobre el que hacer en nuestros trabajos, vivimos decidiendo. Entonces saquémonos de encima ese mote de que
hacer política es ser mala persona, ese es otro calificativo que nos imponen y para
desesperanzarnos.
Miren, además del romance que me vincula a
Colastiné Sur, que es ese poema maravilloso que tengo con cada uno de ustedes,
con el paisaje, con el murmullo permanente e indefectible de nuestro río, con
las calles imprecisas y románticas, más allá de ese cariño, Colastiné Sur me
enamora también por su historia de lucha y resistencia.
Desde la época del virreinato tiene una
historia de construcción social, a veces decimos que es el barrio más antiguo
de Santa Fe, yo diría que es el lugar que más identidad le proporcionó a la
ciudad de Santa Fe. La identidad del puerto, la
de los pueblos originarios, la de la resistencia a la colonia, la de
poner el pecho a los embates del puerto de Buenos Aires, en definitiva, la
identidad del costero es la lucha. Y hoy la expresamos con la resistencia a los
ataques de los intereses inmobiliarios que no vacilan en destruir pueblos en
función de saciar su sed de acumulación de riquezas.
Eso es Colastiné Sur, eso somos en la costa
santafesina.
