Has golpeado mil veces
el
cuerpo ajeno
y la revelación que exigías
nunca
amaneció,
a tus órdenes
se
mantuvo enmudecida .
Has exterminado mil veces
el
cuerpo ajeno
y el verbo siguió fiel
a
su pertenencia.
Has violado mil veces
vaginas
atadas
y su dolor
y su muerte
no
reveló ni quebró
la
serena convicción.
No verás saciado tu placer
asesino
no nos verás vencidos
ni
sometidos.
A cambio, morirás
y nuestra memoria
como
esencia
nacerá
cada día.