Ocho y doce,
hombrecillo de metal,
te observo
con la mirada gastada
tras años de oír tu azote de siglos.
Te observo y desafío
a que un día tu lanza no castigue
año tras año,
hora tras hora
sin olvido.
Ocho y trece,
y catorce,
y quince
te observo sin tiempo
te espero sin llanto;
hombrecillo de metal
acompañas mi soledad.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario